HPC ya no dependerá de x86: Arm, RISC-V y otros cambian el juego

HPC ya no dependerá de x86: Arm, RISC-V y otros cambian el juego

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Hace una década la HPC estaba dominada por x86 y casi todas las máquinas TOP500 eran Intel. Hoy ese dominio se ha debilitado: Intel ya no controla la mitad de las instalaciones y la cuota de x86 ronda el 57%, lo que abre paso a Arm, RISC-V y otros enfoques.

Arm y RISC-V están haciendo incursiones serias en HPC y buscan hacerse un hueco junto con las GPUs, que siguen acelerando cargas paralelas gracias a tecnologías como CUDA de Nvidia; aun así, hay tareas CPU-bound para las que hace falta una CPU potente para orquestación, I/O y operaciones escalares.

La historia de HPC ha avanzado en olas: desde los vector processors de Cray en los años 70, pasando por Beowulf con chips commodity, hasta ASCI Red en 1997 que demostró que usar miles de CPUs podía competir con hardware dedicado.

El debate de arquitecturas abiertas está vivo: RISC-V propone una base abierta sin royalties, y permite construir chips a medida; no obstante, muchos especialistas advierten que las herramientas, compiladores y flujos de verificación maduros todavía son limitados comparados con Arm o CUDA, lo que ralentiza una adopción generalizada.

En Europa, iniciativas como la European Processor Initiative (EPI) y su continuación DARe buscan una pila de HPC/AI completamente europea basada en RISC-V para 2030; la idea es combinar Arm para uso general con aceleradores basados en RISC-V y vectores para competir a nivel mundial.

El camino no es lineal: mientras se observa Grace Hopper y otras soluciones Nvidia por su integración hardware/software, también se exploran enfoques como wafer-scale engines y tecnologías de interconexión óptica para reducir consumo y latencia; el objetivo es llegar a exaescala con eficiencia.

En resumen, no todo en HPC seguirá siendo x86; Arm, RISC-V, AMD, Nvidia y nuevas arquitecturas abiertas están dibujando un ecosistema diverso que podría acercar exaescala a más laboratorios y gobiernos, con soberanía tecnológica y un abanico de herramientas más amplias.

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