Percepción pública sobre datacenters en EE. UU.: un 39% los ve como un problema ambiental, según Pew
La percepción pública sobre datacenters en EE. UU. aún no se consolida: aunque tres de cada cuatro adultos dicen haber oído hablar de estos centros, la mayoría mantiene dudas sobre su balance real entre impacto ambiental, consumo energético y beneficios económicos. Esa es la conclusión central de una encuesta del Pew Research Center, basada en 8.512 adultos estadounidenses.
Percepción pública sobre datacenters en EE. UU.: impacto ambiental y energía
Según Pew, el nivel de familiaridad es alto pero desigual: un 25% asegura haber leído o escuchado “mucho” sobre datacenters, cerca de la mitad afirma haber oído “poco” y otro 25% dice no haber oído nada. Esta asimetría importa porque el estudio detecta que quienes más conocen el sector tienden a evaluar su impacto de forma más crítica en múltiples dimensiones.
En el eje ambiental, Pew señala que un 39% considera que los datacenters son perjudiciales para el medioambiente, frente a solo un 4% que los ve como beneficiosos. La percepción negativa también aparece en el debate energético: un 38% cree que estas infraestructuras impactan negativamente en los costes de energía para los consumidores, en un momento en el que la demanda eléctrica asociada a infraestructura digital (incluyendo cargas de AI y Cloud Computing) se ha convertido en asunto político y regulatorio en EE. UU.
Empleo e impuestos: lo que el público cree y lo que discute la industria
En contraste, la encuesta refleja una visión relativamente más positiva en variables económicas locales: un 25% opina que los datacenters tienen un efecto positivo en el empleo de la zona (por encima de quienes lo ven negativo) y un 23% los asocia con un impacto favorable en la recaudación fiscal local, frente a un 12% que cree que perjudican esa variable.
Sin embargo, el debate sobre el retorno económico real de estas inversiones suele ser más complejo. Parte de la controversia gira en torno a incentivos y exenciones fiscales ofrecidas por gobiernos estatales y locales para atraer proyectos de “server warehouses”. A esto se suma un punto estructural del modelo operativo: tras la fase de construcción, muchos datacenters funcionan con plantillas permanentes relativamente reducidas en comparación con otras industrias intensivas en empleo, un detalle que influye en cómo se reparten beneficios y costes percibidos dentro de una comunidad.
Quiénes desconfían más: edad, política y nivel de exposición
Pew identifica diferencias claras por edad: los adultos menores de 30 años tienden a expresar una visión más negativa sobre el impacto ambiental de los datacenters (54%), mientras que en mayores de 65 años la cifra baja (26%). En el plano político, los encuestados con inclinación demócrata muestran un juicio más negativo que los republicanos, aunque el estudio subraya que, en general, son pocos los miembros de ambos bloques que consideran que estas instalaciones sean “mayoritariamente buenas” para el medioambiente o para el coste energético doméstico.
También existe un patrón asociado a información y perfil socioeconómico: quienes dicen saber “mucho” sobre datacenters aparecen con mayor probabilidad en hogares de ingresos altos y con estudios universitarios, y son más propensos a considerar negativos sus efectos en las áreas evaluadas por el estudio.
Contexto: la infraestructura física de la nube entra en la agenda pública
El foco sobre datacenters se ha intensificado por la expansión de servicios de Cloud Computing, el crecimiento de workloads de AI y la presión sobre redes eléctricas y planificación territorial. En ese contexto, la transparencia sobre eficiencia, suministro energético y compromisos climáticos se vuelve un factor de licencia social para operar, especialmente en regiones donde la densidad de instalaciones se está acelerando.
Para entender el ángulo industrial, los grandes operadores suelen publicar políticas y objetivos de sostenibilidad, eficiencia y energía libre de carbono en documentación corporativa. Como referencia, puede consultarse la información oficial de Microsoft Sustainability y el enfoque de Google Sustainability sobre energía y operación de infraestructura a gran escala.
En definitiva, la percepción pública sobre datacenters en EE. UU. parece moverse entre la utilidad evidente (servicios digitales, inversión y actividad) y una preocupación creciente por externalidades (medioambiente, energía y calidad de vida local). El dato clave de Pew no es solo el porcentaje de rechazo, sino el mensaje de fondo: la industria del datacenter entra en una fase donde reputación, energía y gobernanza local serán tan estratégicos como la capacidad instalada.



