Soberanía digital del Reino Unido frente a Big Tech de EE. UU.: el Parlamento recibe presión para “desenchufar” la infraestructura crítica
La soberanía digital del Reino Unido frente a Big Tech de EE. UU. vuelve al centro del debate político y tecnológico: Open Rights Group (ORG) advierte de que la dependencia británica de proveedores estadounidenses para Cloud Computing y sistemas sensibles del sector público crea un vector de riesgo geopolítico, regulatorio y operativo difícil de mitigar con controles de ciberseguridad tradicionales. La organización pide que el Cybersecurity and Resilience Bill se utilice para introducir obligaciones que reduzcan el vendor lock-in y aumenten la capacidad de sustitución de proveedores en servicios críticos.
En su briefing, ORG señala a empresas como Amazon, Google, Microsoft y Palantir como pilares del “plumbing” digital que sostiene cargas de trabajo públicas y entornos críticos, desde hosting en la nube hasta plataformas de analítica y gestión. El argumento no es que estos proveedores sean inseguros por defecto, sino que concentran poder de decisión fuera del alcance de Westminster, lo que puede convertir una arquitectura técnicamente robusta en un sistema políticamente vulnerable.
Soberanía digital del Reino Unido frente a Big Tech de EE. UU.: por qué el riesgo es estratégico
ORG compara la dependencia tecnológica con la dependencia energética: el problema aparece cuando un país necesita continuidad de servicio, acceso a datos o condiciones de soporte en un escenario donde entran en juego sanciones, cambios regulatorios, tensiones diplomáticas o decisiones corporativas condicionadas por leyes extraterritoriales. En la práctica, esto afecta a disponibilidad, portabilidad y control de datos, así como a la capacidad de mantener operaciones si se interrumpe un servicio o se restringe el acceso por motivos no técnicos.
La organización insiste en que la ciberseguridad “pasa” auditorías y certificaciones hasta que la política interviene: incluso con cumplimiento, hardening y gobernanza, un servicio crítico puede quedar comprometido si depende de plataformas cerradas, APIs propietarias o servicios cloud difíciles de reemplazar con rapidez. El foco, por tanto, se desplaza del “security posture” puro al “resilience posture” de cadena de suministro digital.
Casos citados para ilustrar el apalancamiento sobre infraestructura
ORG apunta a ejemplos recientes donde el control de infraestructura digital o capacidades remotas se usó como palanca. Entre ellos, menciona el episodio del International Criminal Court y la controversia sobre acceso a servicios de Microsoft bajo el contexto de sanciones estadounidenses, además de casos en los que capacidades de control remoto en productos conectados evidenciaron que un “kill switch” técnico puede convertirse en un instrumento de presión si cambia el entorno político.
En paralelo, ORG recuerda la experiencia del Reino Unido con Huawei: la retirada de equipamiento de redes británicas tras presión de EE. UU. se presenta como un precedente de cómo una dependencia tecnológica puede transformarse rápidamente en un pasivo estratégico, obligando a migraciones costosas y decisiones aceleradas.
Qué cambios propone ORG en el Cybersecurity and Resilience Bill
La propuesta no busca un “apagón” inmediato de proveedores estadounidenses, sino introducir criterios estructurales que aumenten la sustituibilidad. ORG pide un giro hacia software open source cuando sea viable, estándares abiertos e interoperabilidad como requisitos de diseño y compra pública. La idea es reducir el lock-in, facilitar estrategias multi-supplier y abrir la competencia para que proveedores británicos y europeos puedan optar a contratos hoy concentrados en un pequeño grupo de multinacionales.
En términos de arquitectura, el planteamiento encaja con prácticas de resiliencia como portabilidad de workloads, desacoplamiento por capas, y diseños que minimicen dependencias de servicios gestionados no reemplazables. ORG también subraya la necesidad de evaluar “qué pasa si” (salida del proveedor, conflictos legales sobre acceso a datos, interrupciones o restricciones) antes de adjudicar sistemas core.
Impacto en cloud del sector público y en la cadena de suministro
Si el Parlamento integra estos criterios, el efecto más inmediato se vería en procurement: pliegos con exigencias más estrictas sobre portabilidad, reversibilidad (exit plans) y transparencia técnica. Para los hyperscalers, esto puede traducirse en mayores obligaciones contractuales y técnicas; para integradores y consultoras, en nuevas oportunidades de migración, modernización y “de-risking” de dependencias.
En el trasfondo está la misma discusión que recorre Europa: cuánto de la infraestructura digital nacional puede descansar en proveedores sujetos a marcos regulatorios de terceros países. El debate se acelera por el peso de la nube en servicios públicos y por la expansión de workloads de AI y analítica avanzada que, por diseño, suelen incrementar lock-in (datos, pipelines, modelos, servicios gestionados).
Fuentes y contexto regulatorio
A medida que avanza la tramitación del Cybersecurity and Resilience Bill, la soberanía digital del Reino Unido frente a Big Tech de EE. UU. se perfila como un eje técnico-político: menos centrado en “si la nube es segura” y más en si el Estado puede garantizar continuidad, control y capacidad de cambio cuando el riesgo no viene de un exploit, sino de una decisión regulatoria o geopolítica fuera de su jurisdicción.



