Moratoria de data centers en Seattle: empleados de Amazon piden frenar nuevos proyectos
La Moratoria de data centers en Seattle entra en su fase decisiva: el Seattle City Council vota si impone un freno de un año a nuevos centros de datos a gran escala, apenas dos meses después de que varias compañías propusieran construir cinco instalaciones en la ciudad. Entre quienes respaldan con más fuerza la medida figuran empleados actuales de Amazon que testificaron públicamente a favor del parón, en un choque que mezcla Cloud Computing, expansión de capacidad para AI y límites de infraestructura urbana.
El debate no es local ni aislado. La presión social contra el despliegue acelerado de data centers se ha extendido por EE. UU. por preocupaciones sobre consumo de agua, subida de tarifas eléctricas y ruido, y Seattle se ha convertido en un caso emblemático por la combinación de alta densidad tecnológica y restricciones de red. Si se aprueba, la Moratoria de data centers en Seattle dejaría en pausa durante un año cualquier nueva propuesta de gran escala mientras la ciudad evalúa cambios regulatorios y condiciones técnicas para futuras autorizaciones.
Moratoria de data centers en Seattle: por qué el consumo eléctrico es el punto crítico
Según lo expuesto en las audiencias y reportado por The Seattle Times, los cinco data centers propuestos —presentados por cuatro compañías cuyos nombres no se han revelado— sumarían una demanda máxima combinada de 369 megawatts. El artículo cita que esa cifra equivale aproximadamente a un tercio del consumo eléctrico promedio diario de Seattle y podría multiplicar por diez el consumo asociado a los alrededor de 30 data centers ya existentes en la ciudad. Ese volumen de demanda eléctrica, en un contexto de AI buildout, es lo que está empujando a concejales y residentes a exigir condiciones más estrictas de planificación energética.
En dos audiencias del City Council, residentes —incluidos ingenieros y perfiles de software— apoyaron mayoritariamente la pausa. Liesl Wigand, senior software engineer de Amazon, afirmó que en su trabajo observa las consecuencias de una expansión de AI “justificada a cualquier coste” y cuestionó una cultura tecnológica que prioriza capacidad de cómputo sin internalizar el coste de recursos.
Moratoria de data centers en Seattle: empleados de Amazon y exigencias de renovables adicionales
Wigand forma parte de Amazon Employees for Climate Justice, colectivo de empleados y ex empleados centrado en la crisis climática. El grupo enlaza la Moratoria de data centers en Seattle con una reivindicación más amplia: en 2025, más de 1.000 empleados firmaron una carta abierta acusando a Amazon de relegar objetivos climáticos para acelerar AI y pidiendo que sus data centers operen con “100% additional, local renewable energy”. La carta puede consultarse en la fuente original del colectivo: Amazon Employees for Climate Justice (open letter).
En la práctica, el concepto de “additional” es uno de los ejes más sensibles: no se trata solo de comprar energía renovable, sino de añadir capacidad nueva al sistema local para que la expansión no desplace el mix energético existente. Este matiz técnico es clave cuando la demanda incremental proviene de cargas 24/7 de cómputo y refrigeración asociadas a grandes campus de data centers.
NDAs, shell companies y trazabilidad del promotor
Patrick Schloesser, software engineer en Amazon, pidió al comité que considere exigir transparencia a los promotores para evitar que se oculten tras NDAs y shell companies, una práctica que, según su testimonio, dificulta identificar quién está detrás de un proyecto concreto. Entre sus propuestas también incluyó que cada desarrollador aporte 100% de energía renovable adicional a la red local y la creación de comités de seguridad liderados por trabajadores con capacidad de reporte a la ciudad, con foco en riesgos derivados de sistemas de AI desarrollados en estas instalaciones.
Transmisión, almacenamiento y reporting de consumos
En otra audiencia, Darius Irani, también software engineer en Amazon, reclamó que las empresas aporten capacidad adicional de transmisión y almacenamiento energético, además de publicar reportes de uso de agua y electricidad. El objetivo, sostuvo, es evitar la autorregulación y establecer condiciones verificables para cualquier expansión de infraestructura.
Moratoria de data centers en Seattle: el paquete municipal y sus límites
La propuesta municipal se acompaña de una resolución para profundizar en la investigación del impacto de los data centers en infraestructura, tarifas de utilities, uso de agua y suelo, empleo y salud pública. El propio ayuntamiento ha detallado la iniciativa en su web oficial: Seattle City Council (moratorium resolution). Sin embargo, medios locales han señalado una posible vía de escape: si la documentación se presenta antes de la votación, algunos proyectos podrían seguir adelante pese a la moratoria, lo que ha alimentado críticas de quienes consideran que el freno llega tarde o necesita un diseño más robusto.
En las intervenciones públicas también aparecieron impactos indirectos: preocupación por desplazamiento de vivienda, subida de facturas eléctricas, y efectos acústicos. En paralelo, algunos participantes conectaron el tema con una crítica más amplia al retorno social de la industria de AI, argumentando que el beneficio se concentra en corporaciones mientras se externaliza el coste energético y urbano.
Más allá de Seattle, la tendencia regulatoria se está moviendo: se han cancelado o reducido planes individuales tras protestas, y distintas jurisdicciones han planteado moratorias. En ese contexto, la Moratoria de data centers en Seattle se perfila como un termómetro para medir hasta dónde los gobiernos locales pueden condicionar el ritmo del “compute capacity race” sin frenar la inversión tecnológica, y qué tipo de exigencias —renovables adicionales, reporting de consumos, trazabilidad del promotor— acabarán siendo estándar para la próxima ola de infraestructura de AI.
Si el City Council aprueba la Moratoria de data centers en Seattle, la ciudad ganará un año para definir reglas de juego más estrictas; si no, el mensaje para el mercado es que la ventana para desplegar megavatios de capacidad sigue abierta, incluso con oposición interna desde el propio tejido laboral de Big Tech.



